- Ramón Ceñal
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Ramón Ceñal
El problema de la temporalidad conduce la analítica existencial a su punto culminante. El ser del Dasein, como acabamos de decir, no encuentra un sentido acabado, no es enteramente inteligible, sino comprendido a la manera de un drama, que se desarrolla por el tiempo (no en el tiempo) y que es constituido por este tiempo a la vez que éste es recíprocamente constituido por aquél.
El sentido último del Dasein es la temporalidad (SZ 17, 234, 235). El tiempo es el punto de partida del Dasein para la interpretación de zí mismo y de todo lo demás (SZ 17). Esto no significa que él mismo y todo lo demás estén en el tiempo, como mi pluma está en el cajón de mi mesa, sino que son temporales (zeitlich), tejidos del tiempo mismo (SZ 19, 327). Sólo el estudio de la temporalidad es capaz de asignar su sentido último al ser general, y de manera particular al cuidado que es el ser del Dasein (SZ 19, 326,364, 367, 374, 382).
Esto indica que el problema de la temporalidad es un tanto complejo. Porque lo que acabamos de enunciar postula que, tratándose del Dasein, la diversidad de los modos de temporalizadon se manifieste en la diversidad de los seres o de los modos de ser. La inversa es a su vez igualmente verdadera: la diversidad de los seres, y en el Dasein de los modos de ser, debe entrañar una diversidad en los modos de la temporalizado n.
Es, por consiguiente, necesario admitir que el tiempo se temporaliza de múltiples maneras. Es necesario admitir ciñéndonos al ser del Dasein, que el cuidado nace de la forma original de! tiempo y le es correlativo, que sus dos modos fundamentales tienen su origen en dos modos de temporalización, que son especificaciones concretas de la forma principal, y, finalmente, que cada uno de los existenciales del Dasein se funda en un elemento de la temporalización (SZ 17, 234, 304, 367).
No nos debemos admirar de que las concepciones corrientes relativas al tiempo estén a mil leguas de su naturaleza real (SZ 304, 326). Lo que creemos ordinariamente saber de la fuente del ser no merece más crédito que ese conocimiento nuestro, propio de la vida banal, acerca del ser mismo. Las mismas deformaciones entran aquí enjuego. Más aún, en oposición a lo que hemos visto al hacer el estudio del ser del Dasein, 3a concepción ordinaria del tiempo es apenas capaz de servirnos de primer punto de apoyo para una interpretación completa del tiempo o de los tiempos. Una de nuestras más importantes tareas será mostrar cómo estas deformaciones han dado nacimiento a esta idea vulgar.
Queda así definido un campo de investigación verdaderamente inmenso; 110 se trata de recorrerlo enteramente y en todos sentidos. Heidegger mismo no lo ha llevado a cabo. Lo que sobre este tema nos dice se limita a lo más extremadamente esencia], y contrasta singularmente, por la oscuridad y confusión, con el resto de su obra.
Pero el plan teórico, que por nuestra parte nos proponemos seguir, se presenta a nuestra vista con nitidez. Será conveniente examinar sucesivamente: primero, la temporalidad del cuidado; después, los modos temporales concretos de la autenticidad e inautenticidad, y, en tercer término, las variables temporales de los diversos existenciales. La teoría del tiempo se habrá de completar, finalmente, con el estudio de la temporalidad intramundana, como también con la del origen de nuestra concepción vulgar del tiempo. De hecho todos estos temas diversos se empotran torpemente en Heidegger, hasta el punto que una exposición conforme al plan lógico requiere aquí la intervención continua del intérprete.
La temporalidad es el sentido del cuidado. Es lo que permite en último término a una estructura tal como la del cuidado existir sin contradicción (SZ 324). Si sus tres elementos irreductibles (derelicción, anticipación y caída; SZ 249-250, 317, 322, 327) son, no obstante, capaces de ser como unidad, la razón es porque esta estructura constituye un desenvolvimiento temporal. La unidad del cuidado es una unidad de temporalización (SZ 327), y sólo por ésta es tal unidad. (p. 161-163)