GILARDI (2014) – MODO DE SER/ESTAR DOS STIMMUNGEN
Heidegger califica el modo de “estar ahí” de los estados de ánimo como un estar-fuera. Justamente del mismo modo en que ha sido caracterizada la existencia, lo cual indica, como lo mencionamos ya a lo largo de los primeros capítulos, que la existencia es anímica: “El temple de ánimo forma parte del modo de ser del hombre” (GA29-30:96). Los estados de ánimo determinan cómo nos encontramos. El “cómo” no es algo que se añade al Dasein, él es su cómo, siempre es en un modo señalado de ser, que dispone su ser-en-el-mundo en totalidad: Se aprecia que los temples de ánimo no son algo que esté meramente presente, sino que ellos mismos son justamente un modo fundamental y una manera fundamental del ser, y concretamente del ser-ahí, y ello implica de inmediato siempre: del “ser uno con otro”. Son modos del ser-ahí, y por tanto del estar-fuera. Un temple de ánimo es un modo, no meramente una forma o una manera, sino un modo en el sentido de una melodía que no está suspensa sobre lo que se da en llamar el auténtico estar presente del hombre, sino que da el tono para este ser, es decir, que templa y determina el modo y el cómo de su ser.
De tal forma Heidegger afirma que los estados de ánimo deben de ser considerados como aquello que da consistencia y posibilidad al Dasein. No se trata de determinar una naturaleza fija a través de los estados de ánimo; por el contrario, lo que se está haciendo es señalar que aquello que define la naturaleza del Dasein es lo más indefinible e indeterminable en términos de presencia y objetivación. Decimos que la existencia es modal, de tal forma que: “[…] los temples de ánimo no aparecen siempre en el espacio vacío del alma y vuelven a desaparecer, sino que la existencia como existencia siempre está ya fundamentalmente templada. Lo que siempre sucede es sólo un cambio de los temples de ánimo.”
Algunos estados de ánimo en los que nos encontramos pueden ser suficientemente definidos, tal es el caso de la tristeza, la alegría, el enfado, el agrado, etcétera. Pero, justamente, cuanto más indiferente parece ser el estado de ánimo en el que estamos, más poderosa e incisiva resulta la pregunta sobre su naturaleza, ¿por qué? Porque esta indiferencia hace patente la imposibilidad de identificar el estado de ánimo con alguna causa u objeto, dando lugar así a la posibilidad de aproximarnos a la propia naturaleza de dicho fenómeno, haciendo resplandecer su carácter disposicional, esto es como aquello desde lo cual me es dado el mundo, mi ser-con y el propio yo. Es justamente este carácter de indeterminación, de aparente y discreta inadvertencia el que compete al aburrimiento.
(PG2014)
