JRCST1
§6 LA TAREA DE UNA DESTRUCCIÓN DE LA HISTORIA DE LA ONTOLOGÍA
Este parágrafo estudia lo que debiera haber sido el tema de la Segunda Parte de Ser y tiempo (no publicada), la destrucción (Destruktion) de la historia de la ontología, entendida no como acabar con esa historia sino como su des-montaje a partir de las experiencias filosóficas que la fundaron, dado que las frases filosóficas suelen perder con el tiempo su sentido originario y convertirse en decires rígidos.
1. El párrafo 1 trata del carácter histórico del Dasein, designado como historicidad (Geschichtlichkeit), esto es, la constitución de ser propia del acontecer del Dasein en cuanto tal.
2. El párrafo 2 sostiene que la elemental historicidad del Dasein puede quedarle oculta o bien puede descubrirse y volverse objeto de un peculiar cultivo, distinguiéndose la historicidad (Geschichtlichkeit) como modo de ser tempóreo del Dasein del averiguar histórico (Historizität) como modo de ser de la investigación histórica (Historie), fundado en aquella.
3. El párrafo 3 pone en relación la averiguación histórica con la pregunta por el sentido del ser en general, señalando que dicha pregunta, por requerir una previa explicación del Dasein en su temporeidad (Zeitlichkeit) e historicidad, se ve llevada por sí misma a entenderse como averiguación histórica sobre el modo en que la filosofía ha respondido a la pregunta por el ser o la ha olvidado, haciendo posible, mediante la apropiación positiva del pasado, la más plena posesión de sus propias posibilidades de cuestionamiento.
4. El párrafo 4 señala que el Dasein tiende no solo a caer en la impropiedad al interpretarse desde los entes intramundanos, sino también a quedar a merced de su propia tradición, más o menos explícitamente asumida, la cual le sustrae la dirección de sí mismo, el preguntar y el elegir, de modo que solo advirtiendo la existencia de esa tradición puede el ser humano obrar sobre ella y no ser meramente determinado por ella.
5. El párrafo 5 explica que cuando el dominio de la tradición tiene lugar en la comprensión ontológica, lo trasmitido por ella queda ordinariamente encubierto y se convierte en cosa obvia, obstruyéndose el acceso a sus fuentes.
6. El párrafo 6 constata que la pregunta por el sentido del ser ha caído en el olvido, como lo prueba el hecho de que el aparato conceptual de la filosofía sigue determinado hoy por la ontología griega, sucumbiendo así la ontología a una tradición que la degrada a la condición de cosa obvia y de material meramente reelaborado, como en Hegel.
7. El párrafo 7 sostiene que es necesario hacer fluida la tradición endurecida para hacer transparente la pregunta por el ser, tarea que constituye la destrucción del contenido tradicional de la filosofía antigua y que debe ser guiada experiencialmente por dicha pregunta, una vez vuelta a hacerse viva.
8. El párrafo 8 aclara que la destrucción equivale a la exhibición del certificado de nacimiento de los conceptos ontológicos fundamentales, sin sentido negativo de rechazo de la tradición ontológica, sino de circunscripción de sus posibilidades positivas y de acotamiento de sus límites, dirigiendo su crítica al modo corriente de tratar hoy la historia de la ontología y no al pasado mismo.
9. El párrafo 9 indica que dentro de Ser y tiempo esa destrucción solo puede llevarse a cabo respecto de algunas etapas decisivas y fundamentales de la historia de la filosofía.
10. El párrafo 10 comienza a señalar esas etapas fundamentales, preguntándose si en la historia de la ontología el ser ha sido alguna vez visto en conexión con el fenómeno del tiempo, siendo Kant el único que investigó en algún sentido la dimensión de la temporariedad, sin lograr, no obstante, aprehender su dominio propio, tarea que ahora se propone bajo el título de temporariedad, referida a los juicios más secretos de la razón común cuya analítica Kant definía como el quehacer de los filósofos.
11. El párrafo 11 anticipa que se mostrará por qué Kant tenía que fracasar en su intento de penetrar en la problemática de la temporariedad, señalándose dos razones: la omisión de la pregunta por el ser y la falta de una ontología temática del Dasein, esta última fundada en que Kant asumió la posición de Descartes pese a los perfeccionamientos esenciales a que la sometió, y en que su análisis del tiempo, orientado por la concepción vulgar y tradicional de éste, se retrotrae al fenómeno del sujeto sin que la conexión entre el tiempo y el yo pienso llegue siquiera a constituirse en problema.
12. El párrafo 12 señala a Descartes como otro referente de la ontología tradicional, quien pretende dar a la filosofía un fundamento indubitable en la res cogitans sin examinar el modo de ser ni el sentido de ser del sum en el ergo sum, constituyendo la elaboración de los fundamentos ontológicos implícitos del cogito sum la segunda estación del camino que remonta destructivamente la historia de la ontología, dispensado Descartes de la pregunta por el ser por el absoluto estar cierto del cogito.
13. El párrafo 13 explica que Descartes lleva a cabo las consideraciones fundamentales de sus Meditationes mediante la aplicación de la ontología medieval al ente puesto como fundamentum inconcussum, determinando la res cogitans como ens creatum, lo cual constituye un prejuicio fatal en la medida en que se da por supuesto el sentido de ens y se omite así la pregunta por el ser, prejuicio que no radica en la distinción medieval entre ens increatum y ens creatum, investigada ontológicamente por autores como Santo Tomás o San Buenaventura, sino en el mero contentarse cartesiano con esa denominación.
14. El párrafo 14 sostiene que la dependencia de Descartes respecto de la escolástica medieval y de su terminología, reconocible por cualquier conocedor de la Edad Media, solo puede ponderarse rectamente una vez mostrados el sentido y los límites de la ontología antigua desde la pregunta por el ser, anticipándose que dicha ontología comprende el ser a partir del mundo o de la naturaleza y logra su comprensión del ser partiendo del tiempo, en la medida en que el sentido del ser se determina en la antigüedad como parousía y como ousía, es decir, en el plano ontológico-temporal, como presencia.
15. Los párrafos 15 y 16 comentan los grandes puntos de la tematización de la ontología antigua.
16. El párrafo 16 señala que en la ontología griega falta la aclaración explícita del tiempo como fundamento que hace posible la presencia, siendo el tiempo considerado como un ente entre otros entes, paradoja que consiste en que ese ente es concebido desde el horizonte de una comprensión del ser que tácita e ingenuamente se rige por el propio tiempo.
17. Los párrafos 17 y 18 tratan del tratado aristotélico del tiempo, determinante de toda concepción posterior del tiempo, incluidas las de Kant y Bergson.
19. El párrafo 19 sostiene que la pregunta por el ser solo podrá plantearse en forma completa una vez llevada a cabo la destrucción de la tradición ontológica.
20. El párrafo 20 advierte contra una posible sobrevaloración de los resultados de esta investigación, en la medida en que ella se ve enfrentada a la necesidad de abrir un horizonte cada vez más originario y universal desde el cual responder a la pregunta por el sentido del ser, no pudiendo tratarse seriamente y con fruto positivo tales posibilidades sino una vez despertada nuevamente la pregunta por el ser y alcanzado un campo de confrontaciones controlables.